13 mar. 2013

Desarrollo rural alternativo (2). ¿Desafío tecnológico o político?

El desarrollo rural es quizás un tema con menos discusión política que los aspectos relacionados al desarrollo territorial o local, pero con muchos aspectos en común. Entrando en juego otros conceptos que se suman a los de desarrollo sustentable.

 

Desarrollo rural. 

 

El desarrollo rural es quizás un tema con menos discusión política que los aspectos relacionados al desarrollo territorial o local, pero con muchos aspectos en común. Entrando en juego otros conceptos que se suman a los de desarrollo sustentable. 

Lo rural en los abordajes tradicionales es referido a lo que acontece en el espacio geográfico que no es urbano, usado generalmente para la producción agropecuaria o de conservación ambiental, asociado al “sector agropecuario”. Tradicionalmente se define al espacio rural tomando en cuenta aspectos ocupacionales (como baja densidad de población, localidades pequeñas), económicos (como predominio de actividades agropecuarias), socioculturales (menor diversificación y movilidad social) y ecológicos (relación más directa con “la naturaleza”). En nuestra concepción lo rural escapa al área geográfica, la trasciende. 

 El término territorio es usado generalmente asociándolo a un área geográfica determinada, pero ha evolucionado y generado debates desde las ciencias sociales. Algunas corrientes plantean la idea que su significación y definición es una relación de poder, el territorio es visto como una construcción social, por lo tanto también como multidimensional e histórico debiendo ser debatido constantemente, construir el territorio. 

 Desarrollo rural sostenible. 


Luego de la segunda guerra mundial hubo un proceso de expansión macroeconómico liderado por EUA, la reconstrucción económica de naciones europeas y Japón (los países capitalistas “avanzados”). Ese proceso implicó que el “sector agropecuario” se inserte cada vez más en el sistema económico, conjugando la acción del estado, las agroindustrias y los agricultores “empresariales”. A la industrialización del agro, continuó la llegada del capital financiero bajo diversas modalidades, imponiendo al sector históricamente considerado atrasado, tradicional del agro una gran transformación “modernizándolo”. Este proceso coloco al agro en un plano secundario y subsidiario de la industria, industrialización paso a ser sinónimo de moderno, progreso y desarrollo. 

El avance del capital en el medio rural, generaba polarización social, cada vez más desplazados, campesinos pobres, a la vez que comenzó a promover y apoyar a nuevos agentes económicos con papel relevante. Entre ellos la industria química y las empresas vinculadas a la genética (animal y vegetal) que pasaron a tener la llave del proceso tecnológico y las vinculadas al sector financiero y del comercio. El sector agropecuario que se necesitaba, moderno, prospero, desarrollado, en la concepción dominante implicaba en lo ideológico: crecimiento (salir del estancamiento productivo), especialización productiva para el mercado (monocultivo y no más autoconsumo), adaptarse a la demanda (abandonar las producciones locales y tradicionales), aparición del empresario (individualista, competitivo) y con una nueva mentalidad abierta (técnica, económica y culturalmente, sin vínculos con la sociedad tradicional, cuestionándola). 

 A mediados del siglo pasado en los países centrales fueron puestas en funcionamiento las estructuras de “desarrollo rural” y sus mecanismos impulsados a través de los servicios de extensión y promoción de nuevas tecnologías, lo que posteriormente fue difundido a otras partes del mundo. Ese desarrollo tenía una connotación restringida a la producción, al progreso tecnológico y a los aspectos económicos de la misma. Los organismos encargados del desarrollo agropecuario debían difundir las tecnologías, el llamado “paquete tecnológico”, para que los “atrasados” avanzaran y se modernizaran, o lo que era lo mismo se “intensificaran”, en un proceso lineal y único. Quien no podía o no quería seguir este proceso de modernidad inevitable era desplazado, generando una gran migración campo ciudad, “liberando” de esta forma mano de obra (barata) para la industria y recursos (tierra) para los agricultores empresariales “dinámicos”. En Latinoamérica se veía la importancia del agro en tanto fuente de alimento, generador de capital (especialmente de divisas) y capacidad de aportar mano de obra barata y en cantidad para la industria. 

A partir de los 60 se expande la llamada “revolución verde”, basada en aumentar la producción con uso de variedades mejoradas de alto rendimiento, fertilizantes, mecanización y riego, a lo que posteriormente se le suman otros agroquímicos y más recientemente la biotecnología. Varios problemas ocurren al aplicar ese paquete relacionados a su sustentabilidad, abarcando aspectos sociales, económicos y ecológicos. Dentro de estos últimos el deterioro del suelo, el problema del agua especialmente la demanda de recursos naturales y energéticos, fueron los que más llamaron la atención de los ambientalistas e investigadores en las últimas décadas del siglo pasado. Es así que el término sustentable va tomando su lugar en relación también a la agricultura, en sus orígenes muy íntimamente relacionado con el cuestionamiento al paradigma tecnológico de la agricultura convencional. En general la concepción dominante plantea que la agricultura sostenible debe usar tecnologías apropiadas y prevenir impactos negativos (sociales, económicos o ecológicos), pero esto generalmente solo se traducía en reducir el uso de agroquímicos, controlar la erosión, uso de energías alternativas, reducir emisión de GEI y en ocasiones algún manejo integrado de plagas o rotación de cultivos. Lo agronómicamente sustentable estaba asociado a los problemas ambientales (ecológicos) y asociado a las tecnologías alternativas en respuesta a los problemas de las tecnologías tradicionales o modernas. 

En Latinoamérica este proceso dominado por el desarrollismo en lo rural, tuvo en los 80 el abandono de las políticas para el campo, acompañada de la falta de interés de la visión publica en lo rural, solo quedan las políticas centrales para atender la pobreza rural. Estos años de desarrollismo estuvieron además acompañados por movimientos contarios al mismo, al menos en algunos de sus aspectos y comienzan las ONGs vinculadas a la pobreza y el desarrollo. Surgen corrientes conceptuales vinculadas a la teoría de la dependencia, el campesinado y la cuestión agraria, o la agroecología. Esta última presentada por Altieri como una disciplina capaz de estudiar los sistemas agrícolas desde una perspectiva socioeconómica y ecológica, por tanto de contribuir al estudio de las estrategias de desarrollo rural sustentable y se profundizan los abordajes sistémicos de los sistemas de producción y el medio rural. 

 Al final del siglo pasado hay un redimensionamiento de lo rural, el concepto que estuvo tradicionalmente asociado al sector agropecuario, va tomando un giro más territorial. Surge una corriente que algunos llaman de la “nueva ruralidad”, con una perspectiva múltiple dimensional, mayor conciencia de las funciones y servicios prestados por el medio rural (más allá de aspectos productivos), así como revalorización de actividades económicas no agrícolas, conciencia de la importancia de la competitividad territorial frente a la social y un acento en la participación de los involucrados en la aplicación (y diseño) de políticas y programas de desarrollo rural. 

La dialéctica de lo rural y lo global (interacción de lo rural con lo urbano) así como los temas socioeconómicos, van ganando terreno en el debate conceptual pero sin lograr llegar a generar una contra tendencia a la concepción dominante de desarrollo (rural) sostenible, que permanece en éste inicio de siglo marcada por el desarrollismo, productivismo y las tecnologías “verdes”. 

La versión “oficial” del desarrollo (rural) sostenible. 


El desarrollo (rural) sostenible (DRS) viene siendo utilizado en los últimos años por los organismos internacionales como un concepto que considera aspectos económicos, sociales y ambientales. Bajo este “paraguas” podemos encontrar actores críticos al modernismo, defensores del capitalismo verde, marxistas, multinacionales, trabajadores rurales, etc. En su concepción dominante y hegemónica el DRS si bien trasciende y pretende superar a las ideas del “desarrollismo” (centrado en los aspectos tecnológicos y económicos) es compatible con el desarrollo del capitalismo, no se presentan como una concepción antisistémica. DRS puede implicar muchas cosas pero en general: a) tecnologías que preserven los recursos naturales, disminuyan el uso de energía no renovable y emisiones de gases de efecto invernadero; b) políticas socioeconómicas que restrinjan al capital tendientes a disminuir los procesos vinculados a la diferenciación social y las tendencias negativas intrínsecas al capitalismo, como conservar la producción familiar, disminuir las asimetrías entre regiones entre otras; c) participación o “gobernanza”, aunque en cierta medida generalmente es limitada o acotada a definir y/o ejecutar las políticas relacionadas al punto anterior. 

Lo rural en la Cumbre de la Tierra (2012) se queda en una visión muy limitada (urbana?), donde el desarrollo rural es importante por la necesidad de alimentos sanos y seguridad alimentaria, así como porque muchos pobres viven en el campo y son importante en el desarrollo económico de muchos países. Plantea la necesidad de aumentar la producción y la productividad agrícola, mejorando la infraestructura, los mercados y sistemas de comercialización, generar tecnologías apropiadas y asequibles para conservar los recursos naturales, los ecosistemas, los procesos ecológicos naturales que sustentan los sistemas de producción de alimentos y aumente la resiliencia al cambio climático y a los desastres naturales. El desarrollo rural sostenible es diseccionado en tres componentes. La seguridad alimentaria y sostenibilidad económica son planteados como un problema de oferta, para lo cual hay que desarrollar el agronegoció, abrir y transparentar los mercados, ampliando el acceso a los mismos para los pequeños productores (sumándolos a las cadenas agroindustriales fuertes y fomentando las cooperativas). La sostenibilidad ambiental es planteada como un problema técnico, siendo necesario inversión (pública y privada), generación, innovación y transferencia de tecnologías. Los ecosistemas (muchos de ellos en zonas “rurales”) son importantes y vistos desde la perspectiva de los servicios ambientales que prestan (a las sociedades), es por eso que necesitan ser conservados, el vínculo entre la economía y el ambiente se plantea que sea desarrollando la “economía verde”. El “capital natural” avanza en las concepciones de los economistas ecológicos. Preguntándose cuales servicios ambientales de los ecosistemas son imprescindibles, o viéndolo del otro lado ¿cuales son prescindibles o pueden ser sustituidos con tecnologías y capital (nuevos materiales, nanotecnología, ingeniería genética)? Por último la sostenibilidad social, atender mejor las necesidades de las comunidades rurales (especialmente de los pobres y vulnerables), aumentando el acceso a la atención de la salud, servicios sociales y educación. 

Desafíos y límites para el desarrollo (rural) sustentable. 


A nivel de gobiernos y Naciones Unidas se pretende buscar acuerdos en estos términos, buscar un cierto consenso…y llevarlo a ser operativo, sin lograr hasta ahora concretar su significado en algo aplicable, por los que éste seguirá manteniéndose en los niveles de ambigüedad, elasticidad y contradicción en los que hoy se encuentra. Es más ni siquiera está claro que estén buscando donde hay que buscar los problemas. ¿Dónde está el problema? se plantean… en el sur (los pobres y su incapacidad de producir ecológicamente), en el planeta (por un desequilibrio global de los ecosistemas, fragilidad de la biósfera), en el norte (nivel de consumo y estilo de vida o por “el capital”), ¿por otro lado…en donde? No hay acuerdo tampoco a nivel social ni en la academia en las vías para el crecimiento económico sostenible, ni si es necesario el crecimiento o si puede éste ser sostenible, o si ampliar el acceso a los mercados y generar nuevos mecanismos o reducir el peso de los mismos, si la economía verde es un avance o retroceso, etc. 

Pero también están los disidentes, quienes critican las concepciones ideológicas de los términos de desarrollo y sostenibilidad, señalando que el objetivo de la sostenibilidad es incompatible con el desarrollo del sistema capitalista. Algunos señalan que la sostenibilidad del desarrollo no se puede determinar objetivamente, requiriendo conjugar escalas temporales y manejar incertidumbres en niveles que carecemos de herramientas conceptuales, sumado a que su definición requiere juicios de valor. A modo de ejemplo, la sostenibilidad no puede buscarse en la naturaleza, ésta no es la base sobre la que emitir juicios de valor en relación a la sustentabilidad. Puede constituir a lo sumo una importante fuente de información para tomar decisiones socioeconómicas en función de los valores humanos históricos, pero un cierto equilibrio en un ecosistema (espacial y temporal acotado) no nos da ninguna pista de si es bueno o malo. 

Del lado “izquierdo” de las posiciones del debate, se plantea desde una posición antropocentrista que esta discusión es social, o sea los aspectos económicos y ambientales deben dirimirse en la órbita social, las alternativas deben darse en el campo político. Por tanto, la democracia, la autodeterminación de los pueblos, el respeto a la diversidad cultural y la participación política de la gente en sus diferentes formas, resultan en opciones políticas que deben implicar el desplazamiento de la racionalidad económica para el campo social. La discusión debe pasar a ser referida a la ética y valores que determinan estas concepciones de lo que son necesidades humanas y calidad de vida, lo sustentable no es un asunto técnico. 

Y ya en el límite del debate están quienes plantean que “la idea del desarrollo permanece todavía en pie, como una especie de ruina, en el paisaje intelectual... Ya es hora de desmantelar su estructura mental " (Sachs, 1996) y que la “sostenibilidad” es otro edulcorante para poder tragarnos el primero. A lo largo de la historia los grupos humanos han conformado sistemas sociales (socioeconómicos y ambientales) y todos ellos “nacieron”, se “desarrollaron” y fueron autodestruidos, exterminados desde fuera o cambiaron por otro sistema. El capitalismo como todos los anteriores sistemas sociales se enfrenta a esta perspectiva histórica y es en las propias relaciones capitalistas donde están las causantes de la insustentabilidad (ya sea ésta ecológica o social). En este sentido, para esta corriente la discusión del desarrollo (rural) sustentable debe centrarse en el carácter crítico sobre las causas sociales de la insustentabilidad y no debe desconectarse de la perspectiva de superación del capitalismo. Planteando además que la prioridad es transformar los excluidos y marginados (“perdedores”) en ciudadanos, y no colocar el problema como si fuera del conjunto de la sociedad humana como un todo frente a la naturaleza externa. Foladori (1999) plantea que de lo contrario en la discusión “quedan ocultas las contradicciones sociales que son, muchas veces, las verdaderas causas de los problemas ambientales”. La frase “Patria para todos y con todos” puede definir la estrategia y por ende la política. La Reforma agraria, un concepto devaluado, fuera de moda, tendría mucho que aportar para solucionar la insustentabilidad, desde ésta concepción. 

Muchos de los problemas asociados al “desarrollo rural” tienen y tendrán al Estado como uno de los actores centrales, por lo tanto parte del asunto es discutir las ideas prevalecientes del estado nación moderno. El rol del estado o ¿qué tipo de estado es “necesario”? Conformar un estado multinacional (por ejemplo a nivel del Mercosur) es un avance o un retroceso? La desconexión como la planteara Samir Amin implica asumir que el mundo no es una colección de economías nacionales aisladas, sino un sistema económico único que opera para transferir riquezas de la periferia a los centros, y el estado tiene mucho que ver con esto, así como la articulación de los estados entre sí. 

Antes se planteaba que la solución al subdesarrollo eran la transferencia tecnológica desde los desarrollados, y a la vista están los resultados… ahora nos plantean la transferencia tecnológica con las soluciones ambientales incorporados, un paquete verde, las tecnologías “ecológicas” para el desarrollo sostenible…al que no le guste sopa dos platos. 



3 comentarios:

  1. Lo que se hace insostenible es el uso de ese término asociado al desarrollo

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  2. Cual fue la posición de los movimientos sociales en Río+20 ?

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